viernes, 19 de octubre de 2012

REPRESENTACIÓN Y FLEXIBILIDAD


Quizá estos términos no los habréis visto muchas veces juntos, pero yo he decidido unirlos esta mañana en una breve reflexión. Me llega ésta por acontecimientos que en mi entorno suceden y que si fuésemos conscientes del hilo conductor que une estos dos términos, seguro que planteábamos las cosas de otra manera.

Voy directamente a mi reflexión:

Las personas que ostentamos la representación de una empresa, organización, institución, etc. etc. primero tenemos que ser conscientes que nuestros representados no necesariamente opinan lo mismo que nosotros, sino que confían en que somos capaces de aunar todos los pareceres y convertirlos en una sola voz. Difícil, sí, pero real también. De ahí la necesidad de flexibilizar mucho el lenguaje, el discurso, sobre todo para generar posiciones del interés de todos.


Por otro lado, el que ostente la representación de cualquier tipo de organización, debe ser el digno representante de los intereses de la misma y, además, de los profesionales que la integran, de esta forma un Representante chabacano y falto de integridad genera una imagen igual de su empresa, organización o institución y de los profesionales que en ella estén.

La flexibilidad ha de ser un punto muy importante en las relaciones que el representante mantenga con otros representantes de otras organizaciones. Es el mejor punto de partida para generar la suma de sinergias que es como el carburante para los motores, en el mundo de las empresas y las instituciones, el aprovechamiento mutuo de las “energías” que cada uno genera.

Esta flexibilidad es la que debe permitir que no se pierdan esfuerzos en guerras banales, sino convertir los posibles desacuerdos en momentos para buscar los puntos sobre los que apoyar una relación para crecer ambas partes.


Me duele mucho ver que, en muchas ocasiones, los que hacen cabeza, los representantes de las organizaciones, del tipo que sean éstas, se dedican más a buscar aquello que les separa, pensando que se engrandecen, en lugar de pensar que sumar intereses mejora, de forma real, el tamaño de aquello a lo que uno representa.