lunes, 29 de diciembre de 2014

La reconciliación, beneficio para el espíritu.


Llegados a estos días de Navidad, los reencuentros nos llevan, en algunas ocasiones, a vernos cerca de quienes en otro tiempo han supuesto un serio problema en nuestra vida.

Pero la vida, que es así de caprichosa, cuando se acerca el final del año y el Nacimiento del Niño Jesús, se empeña en ponernos en la tesitura de estar con todos o no estar con ninguno, algo que agrava seriamente la situación. Dicho de otro modo, lo que un día fue un problema lo seguirá siendo con el paso del tiempo, si no se pasa página.

Serán los años, pero creo que en esto de pasar página la edad te hace maestro. No sólo porque te das cuenta de nada vale mantener situaciones tensas en la familia, sino porque, además, olvidar y reconciliarse supone "quitar durezas del alma", lo que produce una enorme sensación de bienestar y serenidad, al menos con uno mismo.

No estoy por la labor de cerrar página dándole la razón a nadie o esperando que nos la otorguen, estoy siempre por la labor de considerar que el pasado es simplemente eso, pasado y que las personas nos debemos dar una nueva oportunidad en la convivencia, cuando además, hay un entorno familiar que lo "exige".

Animo a todos los que os volvéis a encontrar con familiares y amigos en estas celebraciones que practiquéis la reconciliación. Si la vida nos ha puesto como viajeros en el mismo momento y en el mismo camino, por algo será, así que el reencuentro valga para que todos contribuyamos al enriquecimiento mutuo como personas.

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2015