viernes, 9 de mayo de 2014

LAS FRANQUICIAS DEL SECTOR SALUD ¿DEBERÍAN ESTAR PROHIBIDAS?

Hace años que trabajo, como consultor , para el sector salud. Mi experiencia es que, tanto en la iniciativa privada como en la pública, lo médicos realizan una labor muy comprometida con el paciente, una labor en la que su actuación es siempre importantísima y llena de responsabilidad.

Me encuentro en estos últimos tiempos con la aparición de muchas franquicias en este sector, que le dan una visión “mercantilista” a la salud. Han saltado una peligrosa frontera en la que el valor del servicio, es el del material que se utiliza para atender al paciente, en ningún caso se le da valor a la intervención del médico, del especialista que le atiende, cuando es el que realmente es importante en la ejecución de esa atención médica.

Me quiero referir, por ejemplo, a las actuaciones en clínicas odontológicas, en las que se da valor al coste de un implante, por ejemplo, sin reparar en la importancia de la “mano del odontólogo” que abre la mandíbula para la realización del implante. Ese “mercantilismo” anula el valor y el prestigio de los grandes profesionales que hay detrás, eso es lo que yo reclamo hoy.

Con esta actitud podemos llegar a provocar que la mayoría de servicios privados de la salud terminen como las ópticas, en las que el trabajo del optometrista nunca está valorado, está valorada la gafa y el cristal, pero la verdadera aportación de valor está en el conocimiento del optometrista, que es capaz de trabajar con un “cliente-paciente” cuarenta minutos y que no pasa ninguna factura por ello. Esto lo demuestra el que dentro de una misma franquicia, con los mismos materiales, la finalización de una gafa puede ser totalmente distinta, dependiendo del profesional que te haya atendido.

Los profesionales del sector salud, que encuentran en este tipo de negocio su modo de vida, deberían reflexionar sobre la pérdida de valor de la figura del médico o profesional de la salud experto, que proponen al mercado.